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Perdido en la traducción

Como directivos, muchas veces damos consignas que el maestro no cumple. Nos enojamos, creyendo que tenemos toda la razón, pero no nos damos cuenta que quizás el error está de nuestro lado. Si bien es cierto que el otro puede ser irresponsable, también puede pasar que no haya cumplido por no haber podido o por no habernos entendido. El otro no es malo, o falto de atención, o perverso sino que es otro. ¿Puede ser que nuestro mensaje no haya sido tan claro como pensamos? Recordemos que el mensaje no es lo que uno dice, sino lo que el otro entiende… y que nosotros somos responsables de los mensajes que emitimos.

Mis colegas directivos dirán: “Si la consigna es entregar la planificación el jueves, ¿de cuantas maneras se lo tengo que explicar?” Sin embargo: ¿cuántas veces nos pusimos a pensar en las razones que tiene esa docente para no entregar la planificación? ¿Será que no tiene tiempo y espacio para planificar? ¿Será que no sabe cómo hacer una planificación y no quiere pedir ayuda porque le da vergüenza? ¿Será que está abrumada por la dinámica de la clase y ya no sabe que más planificar? ¿Será que le faltan materiales y sabe que no podrá realizar la mitad de lo que planifique? ¿Será que no se siente reconocida en el esfuerzo de planificar e implementar las actividades, ya que el director nunca pasa a ver lo que sucede en la sala?

Hay muchas maneras de intervenir, de estimular el crecimiento, de inspirar nuevas actitudes y estrategias de enseñanza, de acercarnos a los docentes para que nos sientan sus socios en su crecimiento profesional. Porque un directivo tiene la responsabilidad de ser el líder pedagógico de la escuela y, dentro de ese rol está el compromiso de encender el fuego sagrado dentro de cada docente a su cargo. Conocer lo que motiva e inspira, lo que abruma y desanima, lo que enriquece y hace crecer a cada uno de sus docentes es una de las tareas más importantes de ser directivo. Si queremos que la prioridad del docente sean sus estudiantes, entonces los docentes tienen que ser nuestra prioridad.

El director de una escuela es como el director de una orquesta, y debe entender que cada instrumento es distinto y, como tal, necesita una dirección personalizada. Ninguna melodía es igual si de repente se le saca el piano o los violines…pero cuando se logra que cada instrumento afine y disfrute de su melodía, y que cada uno toque su parte como y cuando le corresponde… la escuela se transforma en una maravillosa sinfonía.

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